no era la muchacha
entre espigas
rojas
y parvas aéreas
lo que yo
buscaba
con el pecho
como
una madeja deshecha
entonces
la
incertidumbre
entre guardarla
como una
semilla
de azucena
o arrojar a los leones
su carne que siempre había
sido
de golondinas
luego noches como
bosques
trasegados
aerolitos de polen
fulminado
escupitajos de
sangre
de búho
fue tan sólo así
que un día
olvidé
cómo se escribía
su nombre
domingo, 27 de octubre de 2013
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