domingo, 27 de octubre de 2013

    no era la muchacha
    entre espigas
    rojas
    y parvas aéreas
    lo que yo
            buscaba
    con el pecho
    como
    una madeja deshecha
    entonces
    la
    incertidumbre
    entre guardarla
    como una
    semilla
    de azucena
    o arrojar a los leones
    su carne que siempre había
    sido
    de golondinas
    luego noches como
    bosques
    trasegados
    aerolitos de polen
    fulminado
    escupitajos de
    sangre
    de búho
    fue tan sólo así
    que un día
    olvidé
    cómo se escribía
    su nombre

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